Otros contaminantes: HAPs, acrilamida 
y PFAS

Análisis de otros contaminantes: HAPs, acrilamida y PFAS en alimentos

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Control de hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs) y acrilamida en alimentos

Los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs) son un grupo de más de 100 compuestos químicos que se generan en la combustión incompleta de materia orgánica como carbón, petróleo, gasolina, basuras, tabaco o carne a la parrilla. Su presencia en los alimentos puede deberse tanto a la contaminación ambiental (actividades industriales, calefacciones, incendios forestales) como a procesos de ahumado, secado o calentamiento, realizados tanto en la industria como en el hogar.

La legislación europea establece límites máximos de HAPs en distintas categorías de alimentos, y los productos que superen dichos valores no pueden comercializarse ni usarse como ingredientes.

Por su parte, la acrilamida es un compuesto que se forma en alimentos ricos en almidón —como patatas y cereales— al ser fritos, tostados o asados. Clasificada como “probable carcinógeno en humanos” (Grupo 2A, IARC), se encuentra regulada por el Reglamento (UE) 2017/2158, que fija códigos de buenas prácticas y valores de referencia. Aunque superar esos valores no impide la comercialización, sí obliga a los operadores a revisar y corregir sus procesos de fabricación. Asimismo, las autoridades realizan controles oficiales periódicos para garantizar el cumplimiento normativo.

Sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS)

Control de contaminantes persistentes y su impacto en la salud pública

Las PFAS incluyen compuestos como PFOS, PFOA, PFNA y PFHxS, empleados durante décadas en aplicaciones industriales (revestimientos antimanchas en tejidos, agentes impermeabilizantes en cartón o papel en contacto con alimentos, entre otros). Su uso extensivo y su elevada persistencia en el medio ambiente han provocado una contaminación generalizada, que llega a los alimentos a través de la bioacumulación en la cadena trófica y del uso de materiales con PFAS en envasado y procesado.

Diversos estudios han identificado niveles preocupantes de PFOS y PFOA en humanos, con potenciales efectos adversos para la salud. En respuesta, la EFSA emitió en 2022 la Recomendación 2022/1431 sobre la vigilancia de estas sustancias en alimentos. Posteriormente, el Reglamento (UE) 2023/915 fijó límites máximos para PFOA, PFOS, PFNA y PFHxS en matrices de origen animal como carne, despojos, pescado y huevos.

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